martes, 19 de abril de 2011

Ciclos formativos de grado superior

Cuando uno termina la educación secundaria obligatoria choca con un problema con el que han topado gran parte de nuestros antepasados; ¿qué hacer después del instituto?

Sin contar con mucha práctica en el tema, los adolescentes eligen algo vital, que decretará su futuro cercano y lejano. Las opciones son bastantes: optar a un puesto de trabajo, cursar bachillerato, realizar algunos cursos de formacion, llevar a cabo ciclos formativos de grado superior o formarse para poder ir a la universidad. No hay alternativas malas, pero todas precisan de una entrega diferente y implican un modo de vida muy concreto.

Antes de decidir deben tener en cuenta todas las ventajas e inconvenientes, estar informados de cuál es la situación económica de sus progenitores y qué es lo que más se adapta a ellos según sus preferencias, inteligencia y otras habilidades. En determinados casos resulta muy complicado conocer cómo es uno mismo, que es lo que le gusta o se le da bien, y si verdaderamente sus ambiciones responden a expectativas realizables en un futuro.

De todas formas, finalmente todos acabamos tomando una decisión. La gran mayoría por propia voluntad y complacidos con su decisión; otros a la fuerza y con desgana. A parte de esto, hay personas que creen que deberían haber optado por otro camino, pero no se atreven a dar el paso.. Cierto es que aunque es imposible volver a ser un adolescente hay actividades que pueden retomarse, si las particularidades así lo permiten.

Si se tiene un horario de pocas horas o una ocupación flexible siempre hay la posibilidad de cursar algún curso a través de la red, que nos permita formarnos en aquello que siempre hemos querido y que, por diversas circunstancias, no pudimos llevar a cabo años atrás. También hay quien puede solicitar un cese temporal de su trabajo y viajar a otro lugar para acabar de afianzar ese idioma con el que lleva tanto tiempo luchando.

Esta postura también puede ser útil para nuestra vida privada, aplicando la máxima de “nunca es tarde” dándonos permiso para volver a enamorarnos, iniciar clases de canto o todo aquello que nos haga sentir bien.

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